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domingo, 17 de julio de 2011

FARAON NEMES...


NEMES (O Narmer) Faraón del siglo XXIX a. C., a quien se atribuye la unificación de Egipto. 
Según la tradición legendaria, NEMES fue el primer faraón de la primera dinastía, con el que se inició la historia humana de Egipto; había sido implantado directamente por los dioses, con quienes estaba emparentado. 
Junto con la unificación de Egipto, aquel acto fundacional había traído también la escritura, el arte, la agricultura y las técnicas artesanales.
Naturalmente, tales procesos fueron mucho más lentos de lo que supone ese mito; en particular, la unificación política fue el resultado final de largas luchas para imponer un poder central sobre el particularismo de las comunidades locales, cuya última fase fue la unión del Alto y del Bajo Egipto (o sea, del valle y del delta del Nilo).
Esta última fue la obra de Narmer, un faraón del Alto Egipto, a quien se ha identificado con el legendario NEMES. Narmer, que aparece representado aplastando a sus enemigos en la famosa «Paleta de Narmer» encontrada en Hierakómpolis, parece haber sido un monarca del Alto Egipto, que tenía su capital en la ciudad sureña de Thinis.
Desde allí se lanzó a la conquista del curso medio y bajo del Nilo, unificando Egipto y fundando una primera dinastía de faraones (la dinastía tinita); para ejercer el poder sobre las dos regiones unificadas, trasladó la capital al límite entre ambas, cerca de donde posteriormente se ubicarían Menfis y El Cairo.

FARAON AKENATON...


Después de Tutmosis, nació Akenatón. Se desconoce el lugar de su nacimiento, pero es posible que fuese el palacio de Zarw, donde la reina Tiy tenía su residencia de descanso. Pero también podría haber nacido en el palacio de Malgata, en Tebas. La fecha aproximada en que vino al mundo podría ser el 1400 a.C.
Cuando nació, hacía dos años que su padre era faraón de Egipto. Es probable que todavía viviera su abuelo Yuya. Existen pocos datos sobre su infancia y adolescencia; aparece mencionado por primera vez cuando tenía dieciocho años y su padre, Amenofis III, celebraba sus veinte años de reinado. Sabemos que recibió el mismo nombre que su padre, Amenofis. El faraón sentía cierta aversión por este hijo. Lo consideraba un engendro que algún día le causaría alguna desgracia. 
Lo llamaba "el eunuco". 
Dada su debilidad física, creció a la sombra de la figura de un padre poderoso que le impidió un desarrollo libre y nunca pudo superar los éxitos paternos en el terreno militar y en el económico. 
Eso explicaría su inclinación por el refinamiento intelectual, el sentimentalismo, la necesidad de rodearse de lujos y la devoción por la figura de su madre.No había nada más alejado del interés del joven príncipe que la guerra y las destrezas físicas. Sus vocaciones fueron el arte y la literatura, para las cuales demostró estar ampliamente dotado. 
El interés por la religión lo llevó a Heliópolis, donde frecuentó a los sacerdotes del culto solar de Atón, originado en esa ciudad. Esa experiencia inspiró al príncipe para implementar su reforma religiosa posterior.

Nadie imaginaba que el niño Amenofis llegaría a ser faraón pues su hermano mayor, Tutmosis, lo aventajaba en inteligencia, destreza física, habilidad política y energía militar.
Pero cuando Tutmosis desapareció de la escena, Amenofis se convirtió en el sucesor de su padre.
Todavía se discute si hubo corregencia entre padre e hijo. Varios historiadores afirman que sí la hubo y que el gobierno compartido habría durado entre dos y doce años.En el 1367 a.C. subió al trono como Amenofis IV, pero cambió su nombre por el de Akenatón durante el año 5 de su reinado, como homenaje al dios Atón y con el objetivo de diferenciar su nombre del de su padre. La coronación tuvo ligar en Hermonthis, ciudad situada unos doce kilómetros al sur de Tebas. Fue su primer acto de rebeldía frente al clero tebano, al transgredir la tradición de celebrar la coronación en Karnak o Luxor.
La apariencia de Akenatón sigue siendo materia de controversias y ha dado lugar a las más curiosas interpretaciones. 
No es para menos, pues el aspecto que muestran sus esculturas es inquietante: un cráneo inusualmente alargado, la nariz abultada aunque no tanto como sus labios voluptuosos, el mentón prominente y puntiagudo, ojos oblicuos con mirada ausente, hombros pequeños, cuello largo con apariencia frágil, enormes caderas afeminadas, vientre prominente, muslos abultados y piernas curiosamente delgadas.

Era decididamente feo, con aspecto de estar cansado. Parecía asexuado y siempre lo rodeaba un halo de misterio. A veces se ponía alguna falda plisada, como las que usaban las mujeres, y se pintaba los labios de un rojo refulgente, como una prostituta. A medida que pasaron los años, su vientre y sus labios se hicieron fláccidos y obesos. Sus pechos se llenaron como si fueran femeninos y se pintaba los pezones de un anaranjado brillante.
Una teoría atribuye el aspecto físico de Akenatón a una disfunción de la glándula pituitaria.La posibilidad de que Akenatón fuera impotente y que el verdadero padre de sus hijas hubiera sido Amenofis III ha quedado descartada, pese a que esos deslices incestuosos eran práctica corriente en el Antiguo Egipto. De todos modos, en los títulos de sus hijas siempre aparece la aclaración "de las entrañas del faraón, nacidas de la reina Nefertiti", como para no dejar dudas de su paternidad.Puede suponerse que la representación de sus deformidades físicas puede haber sido una idea originada en la mente de Akenatón, impuesta a los artistas que lo retrataron.

Fuente:
Akenatón el faraón olvidado - Jorge Dulitzky

LOS FARAONES

Participar en la construcción de las pirámides y de los templos era para los egipcios un acto de profundo significado. Toda la tierra de Egipto y su pueblo pertenecían a los dioses, y en particular a Horus, a quien, según se creía, el faraón representaba sobre la tierra en el transcurso de su vida. Las funciones del faraón consistían en mantener el orden total del universo, establecido en el momento de la creación, y que abarcaba no solamente la estructura social y política de Egipto, sino también las leyes de la naturaleza, el movimiento de los cuerpos celestes, la sucesión de las estaciones y la inundación y estiaje anuales del Nilo. Los miles de campesinos que intervenían en el gran esfuerzo de construir un templo o una tumba para el faraón participaban en un acto que, según se estimaba, traería espléndidas consecuencias para la tierra y el pueblo de Egipto.

A todo lo largo de la historia egipcia, el rey dispuso la autoridad absoluta en todas las esferas de laadministración, aunque sus responsabilidades cotidianas quedaran necesariamente delegadas en su visir y en un número cada vez mayor de funcionarios. Como solamente el rey podía llegar a los dioses, él era también el cause gracias al cual los hombres tomaban contacto con el mundo espiritual. El rey había de interceder ante los dioses en favor del pueblo, cumpliendo los ritos apropiados y haciendo a las ofrendas requeridas, con el objeto de que los dioses consideraran benévolamente a Egipto. En teoría el rey era, por tanto, el sumo sacerdote de cualquier templo del territorio, y era él quien designaba a otros sacerdotes para tan alto menester y quien dotaba a los templos de tierras y rentas.
El faraón podía dedicarse a la caza en los desiertos de Egipto, podían cazar toros salvajes, gacelas, órices, antílopes y leones. 
El faraón Amenhotep III se ufanaba de haber matado más de 100 fieros leones en 10 años; también mató 90 toros salvajes en una cacería. Por lo general, el faraón no corría peligro en sus partidas de caza: le acorralaban los toros en un cercado y allí les azuzaban las piezas. 
Luego, también utilizaron carros. Además de la caza, el río estaba rebosante de peces que se podían capturar con arpones, anzuelos o redes. 


Los macizos de papiro también ofrecía gran variedad de aves y gansos. Para cazarlos la técnica consistía en lanzar un bastón arrojadizo cuando las aves salían volando del macizo.
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